Tengo un dolor en el pecho hace unos días y no se bien que es. Angustia dicen, gastritis aducen otros, dolor muscular y mala postura cree la mayoría. Lo real, es que apareció de pronto y no se va. Casual o mejor dicho, causalmente coincide con que mi hija de 6 años esta cursando períodos de llanto repentino en su primer año de colegio primario.
Cuando decidí ser madre, hace casi ya 7 años, realmente pensaba que la parte mas difícil de la maternidad sería el comienzo con todo el tema de cambiar pañales, no dormir, dar la teta con toooodoooo lo que eso implica, bañarlos y que no se te caigan o se quemen o congelen, las primeras vacunas, el reflujo fisiologico y etc etc etc. Pero al parecer, no era asíi...
Con el correr de los años descubrí que la maternidad es una tarea a largo plazo, pero muy a largo plazo...interminable diría. Y como siempre estuve convencida: viene sin manuales ni instrucciones más que el propio instinto, cuando logramos oirlo.
Mi hija esta atravesando un período de angustia que deviene en llanto. En un principio comenzó en colegio, pero sospecho que irá abarcando otros aspectos de su vida social, ya que es algo evoluptivo y propio de la edad (o al menos eso me dicen...).
Pero; ¿quién me saca a mi de este estado de frustración maternal e incertidumbre frente a lo desconocido que me acecha desde hace unos días?. ¿ Quién me puede decir con certeza que se trata de una etapa por la que ella transita y no es otra cosa?
Yo quiero respuestas. ¡Las necesito!
Mi hija llora angustiada y yo tambien lloro por dentro.
Al principio, intentas hacer catarsis con otras madres conocidas, pero siempre estan esas que se creen “ LAS madres” y te dicen superadísimas: -¿pero por qué llora la nena????-.
Si lo supiera no lo estaría compartiendo con vos para saber tu opinión. ¡¡¡¡No lo se!!!!. Simplemente no lo sé, ¿ok?.
Tambien estan esas desubicadas que se acercan a consolarla creyendo que tienen la cura a todos los males y eso resulta peor, porque le hacen mil preguntas incómodas mientras yo me siento miserable por haber abierto la boca en un acto desesperado por busca de empatía.
La realidad es que una como madre quisiera tener todas las soluciones para su hijo, pero no es así. Con el tiempo y la experiencia se van aprendiendo varias cosas, por ejemplo, que si tiene fiebre le das Ibupirac, que si se golpea le pones árnica o que si le duele la panza le haces masajitos y se le pasa. Pero si se angustia y llora, y ni siquiera ella sabe que le pasa; ¿qué se hace? ¿cómo lográs calmarla o hacer que esa sensación desaparezca?
Estos son los casos en los que, al menos yo, no puedo evitar sentirme poca madre, o, lo que suena aún más degradante todavia: una mala madre.
Muy en nuestro interior desearíamos que los hijos no sufrieran nunca, pero la verdad es que la vida es un camino difícil y evolucionar es parte de ella. Ver crecer a un hijo es hermoso y doloroso, complicado y gratificante.
La otra noche estabamos en la cama acostadas y le pregunté por que lloraba en el colegio.
-Mami, ni yo se lo que me pasa. Me dan ganas de llorar y lloro.- me dijo.
Que simple y natural, pensé. Si los adultos hiciéramos eso cada vez que algo nos frustra o enoja, que fácil sería y cuantas enfermedades nos ahorraríamos. Pero lo concreto es que no se puede ir por la vida llorando a cada rato. Cada persona es un mundo complicado de emociones y asi, cada cual sale a caminar por esta jungla tratando de defenderse como puede con lo que tiene a mano. Emocionalmente hablando no...
-Te pasó algo en el colegio- le pregunté.- ¿las chicas te tratan mal, alguien te hizo algo feo que te da miedo?.-
-No mami. No me pasa nada. Me da angustia y me sale llorar. Me siento sola cuando se va la maestra del aula, no me gusta que nos deje solitos.- confesó.
En ese momento entendí que todo lo que le pasaba era puramente emocional e intimamente relacionado con su autoestima y el entorno. Mamá no está con ella en esos momentos de debilidad y ella no encuentra como consolarse solita. Despues, cuando se olvida de lo que le esta pasando, la sensación desaparece y todo pasa.
¿Qué es? ¿Qué le pasa? ¿A qué cosas le temía yo a su edad?
Traté de recordarme en mis 7 años y evocar mis primeras experiencias escolares, pero fue inútil. De todos modos, pensé: “la manzana no cae muy lejos del árbol”. Los hijos nos reflejan, nos iluminan y nos confrontan con nuestras raíces, inevitablemente.
La infancia es mágica y fugaz. Y es justamente mientras ella transcurre donde debemos prestar toda nuestra atención, porque los niños dicen sin pensar y hablan sin filtros. Nos dan señales constantemente. Son como juegos artificiales de muchos colores mostrándonos la dirección que debemos tomar. Hay que escucharlos sin subestimarlos, preguntarles sin temores, hablarles de lo que ellos quieran y jugarles siempre, porque es a través de lo lúdico por donde se dibuja la personalildad de cada uno.
Yo lo digo mientras lo escribo, porque así lo pienso. Que no es lo mismo que hacerlo...
Pero lo intento diariamente con fuerza y convicción. A pesar del viento que despeina mis ideas de vez en cuando y por sobre la rutina que aplana cualquier buena intención por estos días que corren. Pero le doy batalla...porque se muy bien que la tarea de la maternidad no da tregua.
Porque soy Madre, sí... pero soy tambien Mujer y por sobre todo, soy Humana.