12 de junio de 2011

Mama, te puedo hacer una pregunta?

Cuando uno se embarca en la tarea de ser madre, no sabe bien que le depara el destino. Yo la describiría como una aventura diaria. El pack de la maternidad no incluye un manual de instrucciones o un GPS para los momentos difíciles. Solo nos guía la intuición y los recuerdos de nuestra propia infancia.
Mi hija de casi 7 años siempre mostró ser algo sensible y curiosa, comparada con el resto de las niñas de su edad. Sus preguntas divertidas y originales siempre me mantuvieron atenta. Pero el comienzo del ciclo primario marcó un cambio profundo en su manera de pensar y razonar, despertando su interés por todo lo que la rodea.
Las otras noches, mientras intentábamos dormir, -tarea que no es nada fácil cuando los chicos solo quieren seguir jugando a pesar de todo- me lanzó la pregunta menos esperada:
¿Mamá, te puedo hacer una pregunta?-
-Si, decime mi amor.-
-¿Qué es la comunión?-
Evidentemente lo había escuchado en algún lado. y recordé que los otros días una vecinita le había contado que su prima más grande festejaba su comunión. Yo, tratando de hacer memoria y entender que podía contestarle, descubrí que no podía explicárselo como un hecho aislado. Entonces, intentando ser fiel a mi misma y apelando a su comprensión, le prometí que buscaría bien la información y le daría una respuesta otro día porque ya era hora de dormir. Ella, que suele ser insistente y obsesiva, accedió sorpresivamente. Actitud que dejó en evidencia su crecimiento y evolución. Me entendió, y eso no fué poca cosa.
Pasaron 5 días aproximadamente y volvió al ataque.
Una tardecita estábamos pintando antes de preparar la cena, me miró y me dijo:
- ¿Mamá, te acordas que el otro día me dijiste que me ibas a explicar que es la comunión?-. Así de la nada, inexplicablemente y de una forma natural, como quien pregunta que hora es. Así son los niños. Impredecibles e impulsivos. Honestos  y sinceros.
Todo me dió a entender que era el momento. Tenía que contestarle algo concreto. No había buscado nada en internet, ni planeado ningún cuentito didáctico o pedagógico, pero sus ojos me pedían confianza. En unos minutos, intenté buscar dentro de mi disco rígido mental toda la información que se relacionaba con el tema. Finalmente me lancé al mundo de lo desconocido y lo nuevo: le respondí…
-Mirá, la comunión es un sacramento de la religión católica- le dije suponiendo que ella entendería algo?.
-¿Qué es un sacramento mamá, y que es religión católica?- me dijo frustrada. –No entiendo nada.- agregó con tristeza en sus ojos. Y tenía razón. ¿Qué le estaba diciendo? Mi hija no tenía veinte años, apenas cursaba sus seis añitos. Con esas pocas palabras entendí que me tocaba ser madre sin manual. Pensé unos instantes mientras ella me miraba con sus ojitos marrones y brillosos.
-Bueno, viste que hace mucho mucho tiempo atrás se creó el mundo. Cuando lo crearon, también se creó todo lo que existe en él- le conté tipo cuentito.
-Si mamá-
-Bueno, la poca gente que estuvo después se fue muriendo. Entonces, pensá: ¿cómo le contaban a los demás lo que había pasado?- le pregunté para ver si me seguía.
-Aha, claro…-me dijo esperando.
-Bueno, entonces se empezaron a escribir historias sobre la creación del mundo. Pero no hay una SOLA historia…hay varias…por eso no todos creen en lo mismo.- y ahí sentí la misma sensación que cuando uno se sube a una montaña rusa y llega a la cima antes de caer al vacío. Pero era lo que quería. No podía darle una sola versión de las cosas, quería enseñarle que siempre se va a cruzar con más de un camino y que siempre va a tener que elegir.
Yo fui atea hasta los 10 años. Mis padres son ateos y ellos siempre tuvieron la intención de dejarme elegir mis creencias. El destino quiso que al mudarnos de barrio no hubiese vacante en ningún colegio laico y el único que nos aceptó fue uno de monjas, que puso como única condición de ingreso: el bautismo. Así fue que conocí a Dios recién en quinto grado.  Desde ese día  supe que el destino era sabio, porque al hacerme católica se abrió un mundo nuevo para mí. Un mundo repleto de historias fascinantes  y cuentos maravillosos que me ayudaron a combatir muchos miedos y me ofrecieron respuestas a grandes vacios de mi interior. Lo que pasó después sobre mi desvinculación con la iglesia católica es otra historia… pero la fé siguió intacta. Eso fue, sin duda alguna, obra del destino.
-Entonces, algunos dicen que Dios creo el mundo y todo lo que vive en él: los animales, las plantas, los hombres…la naturaleza- le dije esperando su reacción.
-Aha…-dijo pensativa.
-Otros, dicen que el hombre viene del mono…-y esperé a ver su reacción.
-¿¿¿¿¿¿¿Del mono????????!!!!!!!!!!!!!!!!!!!- preguntó sorprendida. Y empezó a reírse con una cara extraña.
-Si, hay una historia que habla de eso.-
-Ay que feo. ¿Del mono del zoológico mamá?- dijo para ubicarse un poco.
-Si. De un mono más grande que los del zoológico. Pero si, creen que del mono fuimos cada vez siendo más inteligentes y más lindos, hasta convertirnos en  hombres…- agregué rogando que no me preguntara mucho más. Ella pensó unos instantes y realmente no sé si fué por decisión o por la impresión que le causó el solo imaginar que sus orígenes fueran estos simpáticos animales, en ese momento dijo:
-Yo creo en Dios mamá.- y ahí supe que, por la razón que fuera, ella había elegido un camino.
-¿En serio?- le pregunté.
-Si.- me contestó casi sin dudar.- entonces, ¿¿qué es la comunión???- 
Sin dudas cuando un niño quiere algo, hay que dárselo. De un modo u otro, como se pueda, nunca olvidando lo que uno quiere enseñarle, pero dárselo.
-Bueno,- seguí a ciegas…- la comunión es como el bautismo o el casamiento. Son rituales, celebraciones de la iglesia.-
-¿La iglesia? ¿Dónde se casó tu amiga????- me pregunto ingenuamente recordando el único casamiento por iglesia al que había asistido.
-Si, justamente ahí. Bueno, la iglesia vendría a ser la casa de Dios.- y ahí tuve que parar y buscar un GPS interior que me ayudara con tanta información.
-¿La casa de Dios?- me dijo con ojitos medio cerrados.- Pero si Dios no vive ahí mamá.-
-Claro, Dios no esta acá físicamente, pero las iglesias son los lugares donde se va a rezarle o agradecerle, por eso se le dice que es su casa, pero Dios está en todas partes.-
-¿Cómo en todas partes?…- y agregó  –entonces, ¿nadie lo conoce…?-pidió más.
-Bueno, no. Nadie lo conoce. Es como una fuerza creadora, alguien my muy poderoso que nos protege desde el cielo.-
-Pero mami, ¿cómo puedo hacer  para conocerlo?- me preguntó un poco angustiada.
-No lo podemos conocer. Uno cree en Dios o no cree. Uno ELIGE lo que quiere hacer.- Internamente sentí lo duro que era explicarle algo tan abstracto.
- Mirá, para que lo entiendas, el bautismo o la comunión son como fiestas que se hacen en la iglesia para sentirse más cerca de Dios. Vos estas bautizada, ¿te acordás?- le pregunté para ver si me seguía de alguna manera.
El bautismo era lo único que habíamos considerado cuando nació. Fue algo de común acuerdo sin mucho análisis. Fué más bien, un acto casi reflejo de nuestra infancia, pero a conciencia.
-Quiero ver fotos mamá.-me dijo. Y ahí nomás, nos pusimos a ver fotos de su bautismo.
-¿Y qué es el bautismo?- me preguntó con mucha curiosidad.
-Significa que pasas a ser hija de Dios.-, le contesté casi repitiendo una voz que me hablaba desde adentro.
-¿¿¿Ah!!! ¿Soy hija de Dios?- asombrada  repitió.
-Si, eso es el bautismo. Pasar a ser parte de la familia de Dios-.
-Que bueno…- dijo. Y  a los 10 minutos ya estaba en otro tema. Mirando la tele y pidiendo algo de comer…
En fin, pensé, pasó. 
De eso se trata ser madre. De dar respuestas, como se pueda. De dar confianza, ante todo. De hablar desde el corazón y tratar de ser parte de cada momento…
No sé si fue lo mejor que pude decirle, pero al menos fué sincero y me animé. Ella me acompañó.
Y esto, recién empieza...